"El Barco en Tierra que todos los Nayaritas conocemos;
el que todos olemos, pero que pocos admiran"
Más de alguna vez lo vimos; ya sea de pequeños, de jóvenes o de adultos; siempre ahí, siempre firme cual monstruo dormido; llamativo a la vista de algunos, característico para otros, o des-meritado para los ciegos de historia...
El barco anclado a la tierra, ese barco que con cinco molinos firmes, avienta sus fumarolas desinhibidas y orgullosas; manifestando que ahí está, que ahí se encuentra; que sigue vivo a pesar de no poder zarpar... Ese que resignado y aún bondadoso sabe que no dejará el muelle; el muelle vislumbrado por hermosos valles en el pasado; ese que dio paso a la modernidad y que nos obligó a custodiar nuestro barco en tierra, rodeándolo con casas, gasolineras y supermercados; pero que al mismo tiempo nos recordó con un panteón que a pesar de detenerlo, él se mantendrá por generaciones y generaciones vivo, con su olor a melaza, con sus silbidos de que se encuentra listo, con sus fumarolas que tocarán el viento cada que así lo decidan sus molinos; mascando la caña, para endulzarse con su azúcar, mientras que nosotros solo dormidos en el panteón tendremos la imagen de que lo vimos, lo vimos de paso, y en el último sueño podremos preguntarnos... ¿Custodiábamos nosotros al Molino de Menchaca o él permaneció para velar nuestro sueño eterno?.
Que placer sentirá ese barco en tierra, al disfrutar de sus peces humanos, que día y noche pasan orgullosos con sus pequeñas lanchitas con claxon, esas que con sus faroles iluminan su majestuosidad, imponente ante la farmacia de enfrente; ese que es alimentado por dulce, mientras que nosotros movemos nuestras lanchas con gasolina...
Aquí se queda el barco en tierra de mi estado, que sin malicia me endulza con su característico olor, y su brillantez cuando trabaja de noche, con ahora su bordado verde que lo envuelve como un listón de navidad en toda su barda, ese que contemplo como un regalo que para poder ver su interior debo atravesar con una puerta; me gusta su luminaria de noche, y su humo blanco, que aunque contaminante para muchos, no pierde su esplendor.
Permanece barco en tierra, y engaña a mi mente con tus fumarolas que parecen nubes en el cielo.





